jueves, 30 de abril de 2009
¿Conoces a Bataille?
Georges Bataille. Eros y anomia
por Edgar Morales
Desde las postrimerías del paleolítico es irrefutable la presencia de lo que podemos llamar una “simboepidermis” en el ser humano, una naturaleza exomorfa que se monta sobre las condicionantes inmediatas del cuerpo. Esta simboepidermis opera como máscara estructural que funciona como escudo protector contra la intemperie de un entorno carente, en sí, de orientación simbólica. En tal conformación temprana de lo humano, los referentes primarios del “sentido” comienzan a ser problematizados, es decir, comienzan a ser afrontados como proyectos de trabajo espiritual, de apuntalamiento del mundo a través de significados que se presumen permanentes y “naturales”. A propósito de clarificar este asunto traigamos a las mientes Le suicide de Émil Durkheim: en esta obra se tipifican tres casuísticas básicas de la interrupción voluntaria de la vida: la primera y más extendida tiene su asiento en el carácter “egoísta” que considera insufrible todo tipo de pérdida (salud, estatus, posición económica…); la segunda se ubica en el carácter “sacrificial” de la persona que considera que su muerte propicia la remisión de una tragedia (considerada mayor a la de su propia muerte), y la tercera, la más atractiva desde la óptica del sociólogo francés, relativa a las situaciones de pérdida de cohesión subjetiva con el plexo social, en las que las fuerzas de las principales instancias de significación se someten a las fracturas de una actitud escéptica que actualiza un estado de anomia presocial, de desconfianza frente al horizonte de significados que hacen posible el funcionamiento de la realidad. De esta última esfera se desprenden interesantes hipótesis de trabajo sociológico. Por ejemplo, la posibilidad de considerar a la sociedad como la realidad humana, “la realidad” fuera de la cual no hay posibilidad de producción y reproducción de significados. Vivir en sociedad implica ajustarse al andamiaje orientador que sustenta la gran muralla que separa-protege al clan de una “exterioridad” anómala, amorfa y disolvente. Quien se atreve a desanudar las cuerdas mentales que lo mantienen ubicado en el domo de los significados se somete al cauce de un río turbulento que termina en la insania, atravesando previamente por las estaciones del colapso racional, el descomprometimiento ético y la desorientación afectiva.
Quisiera poner este escenario como horizonte de interpretación del fenómeno erótico según lo presenta Georges Bataille. En el libro Las lágrimas de Eros, el autor pretende defender, a través de un entablamento básico de la historia del erotismo, una noción de lo erótico como disidencia del orden establecido por una civilización fundada en las nociones de fin, utilidad, trabajo, cálculo y racionalidad. El hombre prehistórico, se nos comenta, ha dejado suficientes elementos que permiten reconstruir grosso modo su mentalidad, y esto se aplica por igual al erotismo. Bataille, por ejemplo, se centra en algunas especulaciones a partir de una escena rupestre hallada en las grutas de Lascaux, aquella en donde se presenta un bisonte herido de muerte (sus entrañas se desparraman a causa de una herida por flecha) frente a un hombre con cabeza de pájaro, cuyo falo erecto está claramente marcado y que puede ser interpretado como muerto por una embestida del bisonte. Esta escena es coincidente, o al menos así lo cree el pensador francés, con la leyenda bíblica del pecado original, pues convergen en el mismo plano simbólico la conciencia de la genitalidad y de la muerte, la culpa, la tragedia y el trabajo.
lunes, 27 de abril de 2009
"Si la materia cambia de estructura...
Le dijo el Punset a su nieta.
domingo, 26 de abril de 2009
jueves, 16 de abril de 2009
Does the Concept of "Sensitization" Provide a Plausible Mechanism for the Putative Link Between the Environment and Schizophrenia?
2 Department of Psychiatry and Neuropsychology, South Limburg Mental Health Research and Teaching Network, EURON, Maastricht University, PO Box 616, 6200 MD Maastricht, The Netherlands
3 Section of Social Cognition, Mondriaan Zorggroep, Heerlen, The Netherlands
4 School of Psychological Sciences, University of Manchester, UK
5 Division of Psychological Medicine, Institute of Psychiatry, London, UK
1 To whom correspondence should be addressed; tel: +31-43-3875443, fax: +31-43-3875444, e-mail: j.vanos@sp.unimaas.nl.
Previous evidence reviewed in Schizophrenia Bulletin suggests the importance of a range of different environmental factors in the development of psychotic illness. It is unlikely, however, that the diversity of environmental influences associated with schizophrenia can be linked to as many different underlying mechanisms. There is evidence that environmental exposures may induce, in interaction with (epi)genetic factors, psychological or physiological alterations that can be traced to a final common pathway of cognitive biases and/or altered dopamine neurotransmission, broadly referred to as "sensitization," facilitating the onset and persistence of psychotic symptoms. At the population level, the behavioral phenotype for sensitization may be examined by quantifying, in populations exposed to environmental risk factors associated with stress or dopamine-agonist drugs, (1) the increased rate of persistence (indicating lasting sensitization) of normally transient developmental expressions of subclinical psychotic experiences and (2) the subsequent increased rate of transition to clinical psychotic disorder.
lunes, 13 de abril de 2009
sábado, 4 de abril de 2009
¿DEJARA DE SER EL GOCE DE SU PADRE...
¿Conseguirá vencer el/al patrón que le llevó a romperse como persona?
¿Mandará al carajo al psicólogo que como su padre cuando era un niño, dignos herederos del insufrible Tiresias, le demandan machacarse ("¡sé un hombre y haz la exposición/recolección!") para satisfacer sus propios fantasmas?
¿Vislumbrará el sentido de su sufrimiento corporal como la queja de su identidad herida por tanto intentar fantasmáticamente satisfacer al INSACIABLE OTRO?
Ya os cuento.
¿QUÉ ES LA NEUROPSIQUIATRÍA?
Prof. G. E. Berríos*
La palabra y sus referentes
Los nombres son una ayuda o un escollo en todos los ámbitos, especialmente cuando ellos se comportan como significantes variables. Por ejemplo, desde que apareció en la Francia de fines del siglo XIX como una palabra doble (‘neuro-psychiatrie’), el significado de neuropsiquiatría ha cambiado repetidas veces. En el periodo entre guerras, ahora convertida en neuropsychiatrie, se refería a las actividades clínicas de los médicos entrenados tanto en neurología cuanto en psiquiatría. Alrededor de 1918, la palabra apareció en el inglés usual como una forma de “Psiquiatría que relaciona alteraciones mentales o emocionales a una función cerebral alterada”. Mi propia definición es más estrecha: "disciplina que se ocupa de las complicaciones psiquiátricas de las enfermedades neurológicas” Por otro lado, el uso norteamericano es más amplio y equivale a “psiquiatría biológica”.
Actualmente, el término "neuropsiquiatría" se refiere fundamentalmente a disciplinas clínicas que se entrecruzan al compartir la creencia de que los síntomas mentales se producen en zonas cerebrales alteradas. También se utiliza para dejar sentada una posición profesional con relación a puntos de vista rivales sobre los trastornos mentales, tales como el psicoanálisis. Finalmente, crea un espacio social y económico donde investigadores que piensan de una manera similar se congregan, sin peligro, para usufructuar sus ideas ‘a la moda’.
El contexto
Si es que existe ‘neuropsiquiatría’ en un país en particular —y si tiene un significado amplio o estrecho— va a depender, en gran parte, de la estructura de sus servicios de salud y de la calidad de la relación entre la neurología y la psiquiatría.
Esto es interesante e irónico puesto que ambos especialismos son nuevos. El alienism (el nombre original de la psiquiatría) y la neurología se desarrollaron por las décadas de 1830 y 1860, respectivamente, como resultado directo de la fragmentación de la grande y antigua categoría culleana1 de ‘Neurosis’, y del ensanchamiento de la noción de ‘lesión’, que a fines del siglo mencionado se refería indistintamente a defectos y a soluciones de continuidad en ámbitos putativamente ‘estructurales’, ‘fisiológicos’ o ‘psicológicos’. En Alemania y Francia, la formación de los alienistas incluía entrenamiento neurológico y esto facilitó el uso del término ‘neuropsiquiatra’. En Gran Bretaña, por otro lado, y debido a razones socioeconómicas importantes (para cuya discusión no hay espacio), la neurología y la psiquiatría se habían separado completamente hacia la decáda de 1880. Esto quiere decir que por más de 90 años hubo poca comunicación entre las dos y que en la década de 1970 la ‘neuropsiquiatría’ tuvo que ser reinventada. No sorprende en absoluto que quienes estuvimos involucrados en tal re-creación tuviéramos entrenamiento tanto neurológico cuanto psiquiátrico. Esto también explica por qué hasta el día de hoy no tenemos una definición unificada de neuropsiquiatría en el Reino Unido. La definición norteamericana se ha hecho popular y esto ha alentado a los psiquiatras con orientación biológica a ultranza a llamarse a sí mismos ‘neuropsiquiatras’. Otros (como es mi caso) continúan definiendo a la neuropsiquiatría de una manera estrecha. Los primeros pueden ser encontrados en todos los ámbitos del tratamiento psiquiátrico; los últimos laboran en hospitales generales y desarrollan mucho trabajo de ‘neuro-liaison’2 (este término lo introduje en una conferencia dictada en Wellington, Nueva Zelanda hace algunos años).
La neuropsiquiatría en Cambridge, Reino Unido
En armonía con lo anteriormente mencionado, mi propio servicio clínico ‘neuropsiquiátrico’ está organizado desde el punto de vista estrecho de que la neuropsiquiatria es una rama de la psiquiatría que se ocupa de las complicaciones mentales de las enfermedades neurológicas. No creo que dicha práctica deba ser interpretada de algún modo como una declaración sobre la naturaleza de los trastornos mentales en general. Aun dentro de los confines de mi definición estrecha, parece claro que los pacientes neurológicos que desarrollan delusiones, alucinaciones, obsesiones, tristeza, ansiedad, etc., lo hacen a través de una variedad de mecanismos. Por un lado, existen las etiologías causales. Como mi trabajo sobre alucinaciones musicales y estados de irritabilidad en pacientes con enfermedad de Huntington mostró hace años, es posible demostrar una relación entre el síntoma y la localización cerebral o la repetición CAG, respectivamente. Por otro lado, los pacientes neurológicos tienen razones para sus síntomas, esto es, las enfermedades neurológicas ocurren a gente real y por lo tanto tienen contextos semánticos. Esto agrega una nueva capa de significado, hermenéutica y respuesta terapéutica. Los pacientes pueden mostrar copias conductuales de síntomas mentales y ellas no tienen la misma representación cerebral que los síntomas convencionales.
El trabajo clínico neuropsiquiátrico genera modelos clínicos que pueden ser transformados en paradigmas de investigación. No hay nada nuevo en esto y cada universidad usará una retórica diferente par vender lo que hace. Algunas se venden como instituciones de investigación que funcionan de arriba hacia abajo (esto es, ideas grandiosas que gobiernan la acción), en otras esto funciona de abajo hacia arriba (investigación de a pocos, a nivel inferior, que converge hacia arriba). Este es el caso del Campus de Neurociencias de la Universidad de Cambridge (el más grande en el Reino Unido) que incluye institutos de investigación y una suite de neuroimágenes que tiene, entre otras cosas, 12 magnetos de Resonancia Magnética. Mi Servicio de Neuropsiquiatría (6 clínicas) está conectado con la mayoría de los centros de investigación del campus. Por ejemplo, la clínica de Enfermedad de Parkinson proporciona pacientes para los grandes proyectos relativos a la expresión de receptores, resonancia magnética funcional, farmacología y neurocirugía. La clínica de Enfermedad de Huntington está situada en el ‘Centro para Reparación Cerebral’, donde alrededor de 12 pacientes que ya han recibido implantes de células fetales en su núcleo caudado son seguidos a intervalos de 3 meses. La clínica de Daño Cerebral Traumático está situada en el ‘Oliver Zangwill Centre’, la clínica cognitiva neuropsicológica de rehabilitación más importante de Europa. La Clínica de Trastornos del Sueño trabaja estrechamente con la ‘Unidad Respiratoria’ en el hospital Papworth, que incluye las instalaciones polisomnográficas más avanzadas del Reino Unido. La Clínica de Trastornos de la Memoria sirve al gran complejo de investigaciones en la memoria de la Unidad de Ciencias Cognitivas y Cerebrales, una facilidad del ‘Medical Research Council’, donde fueron desarrollados por primera vez los conceptos de funciones ejecutivas y memoria de trabajo; y mi Clínica Neuropsiquiátrica General está vinculada con las ‘Clínica Neuroquirúrgica de Epilepsia’ y la ‘Clínica de Tinnitus’, etc. Todas estas asociaciones clinicas-ciencias básicas crean oportunidades ideales para investigación traslacional, que ha sido tradicionalmente la manera británica de desarrollar nuevas ideas.
Los hallazgos
Cualquiera que sea el contexto clínico, los trastornos neurológicos se acompañan de componentes psiquiátricos, los que han sido conocidos durante mucho tiempo en los casos de la enfermedad de Parkinson, la Esclerosis Múltiple, la enfermedad de Huntington, la enfemedad de Wilson, la enfermedad de Binswanger, etc.; se ha sabido durante mucho tiempo que la severidad y el manejo de dicho componente ha sido más importante para la reintegración social que cualquier trastorno motor o sensorial. En otros casos, sin embargo, como en las taupatías, las mitocondriopatías, el CADASIL, la Adrenoleucodistrofia ligada al cromosoma X, etc. no se ha efectuado suficiente investigación para identificar el componente psiquiátrico. En todas las situaciones, una práctica inteligente provee al neuropsiquiatra de acertijos cuya resolución tiene relevancia directa con la psiquiatría en general; dos de ellos serán discutidos brevemente a continuación.
Las implicancias
El acertijo diagnóstico
El neuropsiquiatra a menudo encuentra que hay una falta de encaje entre los fenómenos clínicos encontrados en el trabajo de neuro-liaison y las categorías psiquiátricas del ICD-10 y del DSM IV. Los pacientes neurológicos exhiben una variedad de síntomas mentales pero ellos a menudo son aislados o fugaces y raras veces adquieren una masa crítica para encajar en un ‘diagnóstico psiquiátrico’. Esto plantea problemas teóricos y prácticos. Los primeros tienen que ver con su naturaleza y mecanismos de formación; los últimos, con su manejo/terapia. En el Reino Unido, las terapias psiquiátricas son gobernadas por lineamientos gubernamentales estrictos, que están basados en ejercicios meta-analíticos y en evaluaciones de economía de la salud. Igualmente, los medicamentos psiquiátricos tienen licencia para trastornos específicos y comparten con los lineamientos los mismos conjuntos de ensayos clínicos randomisados. Antes de que los lineamientos empezaran a ser establecidos, los tratamientos psiquiátricos se basaban en una combinación de conocimiento psicofarmacológico, imaginación terapéutica y negociaciones específicas entre médico y paciente. Esto ya no ocurre y a menos que el paciente tenga un claro diagnóstico, no se le ofrecerá medicación pues esto expondría al clínico a una acción legal. En la neuropsiquiatría, esto es particularmente crítico pues los pacientes neurológicos tienen mayormente síntomas mentales y solo raras veces trastornos mentales. Además, la expresión de tales síntomas puede ser distorsionada por la presencia de déficits cognitivos, expresionales o emocionales relacionados directamente con las lesiones neuropatológicas.
Las copias de la conducta y el problema de la formación de los síntomas
De acuerdo a lo dicho anteriormente, el neuropsiquiatra a menudo se pregunta si los síntomas mentales (y los trastornos mentales ocasionales) con los que se encuentra en el contexto de su práctica especializada son en realidad los mísmos fenómenos clínicos que se ven en la psiquiatría general. Por ejemplo, ¿son las alucinaciones visuales de la enfermedad de Parkinson o de la demencia con cuerpos de Lewy los mismos fenómenos que se ven en un anciano melancólico con el síndrome de Cotard? ¿Es el trastorno afectivo asociado con accidentes vasculares cerebrales frontales el mismo de la enfermedad depresiva ordinaria? ¿Es la manía desencadenada por el tratamiento con esteroides la misma que la manía de un trastorno bipolar?
Estas comparaciones van directamente a la esencia de la psicopatología y cuestionan la capacidad epistémica del lenguaje de la psiquiatría, esto es su valor discriminativo. En el curso de los años estas preguntas han sido respondidas de diferentes maneras. En una época la respuesta era que las llamadas alucinaciones orgánicas era fenómenos diferentes a las alucinaciones psiquiátricas. En la actualidad, el punto de vista predecible es que son, que deben ser los mismos fenómenos. La psiquiatría biológica es implacable en su reduccionismo y en sus esfuerzos por imponer su mecanismo causal. Muchos neuropsiquiatras con larga experiencia clínica en su oficio no están, sin embargo, tan absolutamente seguros. Ellos se preguntan a menudo sobre la posibilidad de etiologías múltiples y sobre la existencia de mecanismos que generen copias conductuales de los síntomas orgánicos, o postulan la hipótesis de que los sistemas expresionales en los humanos puedan tener un escaso repertorio y actúen como vías finales comunes a una variedad de desencadenantes, algunos orgánicos, algunos semánticos.
Tales hipótesis psicopatológicas generan acercamientos frescos al análisis de los síntomas mentales que solo pueden ser abordados por quienes tienen entrenamiento como psiquiatras. Ellas ofrecen un espacio natural y privilegiado para la investigación psiquiátrica. Desafortunadamente, es un espacio que está siendo abandonado por los psiquiatras, quienes quieren ser minineurólogos, minirradiólogos o minigenetistas. La psicopatología descriptiva continúa siendo la fuente y el origen de todas las disciplinas auxiliares en psiquiatría, y por lo tanto tal diáspora debe lamentarse profundamente.
* El Dr. Germán Berríos (geb11@cam.ac.uk) es un distinguido médico peruano, profesor de psiquatría en la Universidad de Cambridge; allí dirige el servicio de Neuropsiquiatría, especialidad en la cual es pionero. El Dr. Armando Filomeno, antiguo compañero de clase de sus primeros años de estudios sanmarquinos, le agradece el presente artículo que se encargó de traducir. La excelente versión original en inglés de este texto puede ser leída en: www.deficitdeatencionperu.org/berrios.htm
1 El término hace mención a William Cullen, ilustre médico escocés del siglo XVIII, en cuya clasificación de las enfermedades —publicada en su Synopsis Nosologicae Medicae, en 1769— la categoría de ‘neurosis’ englobaba a un gran número de enfermedades. Cullen creía en la ‘neuralpatologia’, es decir, en la doctrina de acuerdo a la cual las enfermedades resultaban (directa o indirectamente) de cambios patológicos en el sistema nervioso. Estos cambios podían ser localizados (lesiones) o generales (sin pirexia y que afectaban la vibración y sensibilidad del tejido nervioso). Cullen llamó neurosis a las enfermedades que resultaban de tales cambios generales (nota del traductor).
2 Podría traducirse como neuroenlace, pero se ha preferido mantener el término como aparece en el texto original (nota del traductor).
miércoles, 25 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
¿Por qué fallan los tratamientos?
¿Por qué fallan los tratamientos? ¿Por que se cronifican los problemas de la vida cotidiana y se convierten en pseudoenfermedades, o aceptadas por la comunidad científica en auténticas enfermedades mentales?
La respuesta no es sencilla y creo que no se encontrará en estas líneas. Pero quiero escribir unas ideas, para ayudarme a mi mismo en mi práctica clínica y solicitar ayuda a quien me la pueda dar.
Si revisamos las publicaciones “científicas” vemos que la principal causa de fracaso es la no adherencia al tratamiento, el uso de fármacos de forma incorrecta, el no acudir a tiempo al especialista. Si preguntamos a los profesionales que trabajan en la sanidad pública las causas son la ausencia de un tiempo adecuado para tratar a los pacientes, la masificación de las consultas, los protocolos inadacuados de la organización sanitaria a la que pertenecemos.
Este sería un estudio bonito para hacer, y estas conclusiones no son “cientificamente validables”, ya que son solo una impresión propia, de mi quehacer diario y de las horas y horas que invierto en escuchar a mis compañeros y pacientes.
Me resulta sorprendente por ejemplo que una de las causas más citadas para el fracaso de un proyecto terapeutico sea “la escasa motivación del paciente”, “o no es el momento para cambiar”. Y en el mejor de los casos se le remite a su médico de cabecera para que le ayude en esos cuatro minutos que un profesional preparado tiene para abrir las orejas y la mente del que pide ayuda a través de un síntoma. Tampoco citan la escasa preparación psicoterapeutica de los profesionales encargados de hacer psicoterapias. Es como sí dijeramos “soy un psicoterapeuta cojonudo pero como no me dan los medios...”, cuando la realidad es que la mayoría de las intervencias terapéuticas que hacemos están basadas en el “sentido común”, ¿de quien? En el mío, que es el mejor.
¿No será que algo se nos escapa? Las reglas del juego que nos marca nuestra empresa, pública o privada, no son cambiables. Las empresas en esta era postcapitalista no son asamblearias, no pueden ser cambiadas desde abajo, y sobretodo no existe una voluntad de cambiarlas, ni desde los trabajadores ni desde la dirección. Los trabajadores anclados en la “queja de no poder hacer nada por estar atrapados” y los directivos anclados en la queja “debemos hacer mejores protocolos de gestión”.
Podemos teorizar esta situación, hablar del discurso del amo y el esclavo, hablar de Marx, hablar de la lucha de clases... pero la realidad diaria es que no podemos cambiar el sistema en el que estamos, ya que somos parte del mismo sistema. Cambiarlo sería cambiarnos nosotros mismos. Las opciones son lamentarnos o buscar como usarnos de él. La rendición no es una opción, porque a final de mes es treinta y uno y hay que pagar las deudas.
Además nuestro sistema de queja-trabajador, queja-gestor, está inmerso en un sistema mucho más global, la sociedad. La sociedad es un ente supraconsulta, suprapersona, supravecindario, formado por millones de intereses interconectados: el interés de la empresa que vende pastillas, el interés de la persona en ser feliz cuanto antes mejor, el interés del gestor en ahorrar, el interés de obtener una pensión y poder dedicarme a lo que realmente me gusta que es la pesca con mosca, sin tener que aguantar a mi jefe. En nuestra sociedad no hay sitio para las explicaciones psicológicas convencionales para la enfermedad. Nuestro medio cultural ha (hemos) decidido que una enfermedad requiere un modelo neuroquímico, un tratamiento y una solución rápida (química o intervención psicoterapeútica breve estandarizada). Si estamos “sanos” sí aceptamos una explicación psicológica, de igual que sea psicoanalítica, cognitiva o simplemente budista o taoísta. Tenemos tiempo para pensar, ya que todos tenemos la creencia de que somos inmortales y que al fin y al cabo si me leo “El camino del tao en el s.xxi” posiblemente viviré más y mejor.
La angustia ya no se puede entender como un malestar único, aunque lo sea. En nuesta cultura hay una angustia que enferma, que requiere una solución rápida, y una angustia vital que sí está dispuesta a escuchar y escucharse. Cuando en la consulta ambas se mezclan y tratamos la angustia vital como esa angustia que hay que calmar a toda costa, el paciente y nosotros nos perdemos la oportunidad de escucharnos.
La psicoterapia es un proceso para crecer como persona y poder disfrutar más, amar mejor y vivir más. Un camino para salir de los falsos goces de nuestro tiempo (el goce de comprar, el goce de “estar colocado”, el goce del éxito...) El paciente que entra en un proceso psicoterapeutico reconoce sus faltas, sus defectos, y se propone trabajar con ellos (aunque lo llame “no tengo autoestima”). El enfermo no acepta su parte en su malestar. No es responsable. Algo le ha venido (tocado) por sus genes, por sus padres, por sus jefes, por el azar, por el destino. El enfermo es un juguete en manos de algo que hay que eliminar rápidamente con un remedio eficaz, para volver a esa normalidad que suele estar debajo de un falso recuerdo de “paraíso perdido”.
Esta reflexión posiblemente no aporta nada nuevo, solo ordena mis ideas y es un intento de luchar contra esa sensación de estar aplastado por un marco con el que choco a diario. El camino sería convertir al enfermo juguete del destino en un paciente responsable, y de ahí en ayudarle a que nos enseñe todas sus potencialidades y que las use, para que nunca más vuelva a sentirse en manos de nadie ni de nada.
Un problema que nos encontramos es que con todas las teorias que tenemos en la cabeza, nos olvidamos de la teoria que el enfermo/paciente tiene en la cabeza y construimos la casa por el tejado, e intentamos convencer a una fibromialgica de que lo suyo no existe y que tiene muchas potencialidades, y le invitamos a que se apunte a un curso de natación... Y al no responder a esto, pensamos que no quiere escuchar y no está en el momento de cambiar. Y por no comprender que la fibromialgia es una enfermedad para esa paciente e intentar meterle con calzador nuestra explicación psicológico-espiritual, la perdemos y la condenamos a vagar en busca de soluciones milagrosas, de años de otra distima... hasta devorar su identidad y convertirla en un despojo de ser humano, cuyo único sentido en la vida es curarse de algo que no existe y que es incapaz de responder a la pregunta ¿curarse para qué?
Y cuando digo fibromialgia, que es un ejemplo, lo llamo depresión, lo llamo esquizofrenia, lo llamo fobia social, lo llamo alcoholismo, lo llamo ludopatia, lo llamo anorexia...
No podemos olvidar que estamos en un marco cultural. Y que ese marco no lo vamos a cambiar, como tampoco vamos a cambiar el sitio donde trabajamos. Basta de quejas, que nacen de nuestra impotencia. ¿Vamos a trabajar con lo que hay?. Si solo hay que elegir a qué amo servir, como decía Jervis.
domingo, 15 de marzo de 2009
Daniel J. Siegel: Hacia una biología interpersonal de la mente en desarrollo

¿Podrá una mejor comprensión del cerebro humano permitir a los ingenieros construir mejores interfaces y sistemas operativos? Dan Siegel establece una discusión sobre neurobiología y sus implicaciones para la computación. Siegel ha revisado un gran número de disciplinas científicas que exploran la idea de la mente desarrollándose a partir de la interacción entre las relaciones humanas y las estructuras y funciones del cerebro. Recientes descubrimientos desde campos independientes, incluyendo los de la psicología del desarrollo y la neurociencia cognitiva, pueden ser sintetizados en un marco de trabajo integrado para la comprensión de cómo el cerebro permite la emergencia de los procesos mentales y está directamente conformado por las experiencias interpersonales.
Reseña biográfica de Daniel J. Siegel:
Dan Siegel se graduó en medicina en la Universidad de Harvard y completó su postgrado en educación medica en UCLA con formación en pediatría y psiquiatría infantil y de adultos. Trabajó para el Instituto Nacional de Investigación en Salud Mental en UCLA, estudiando interacciones familiares con especial énfasis en cómo las experiencias de apego influyen sobre las emociones, la conducta, la narrativa y la memoria autobiográfica.
La practica psicoterapeútica del Dr Siegel abarca el abordaje de niños, adolescentes, adultos, pareja y familias. Anteriormente dirigió el programa de entrenamiento en psiquiatría infantil y el servicio infantil y preescolar en UCLA. Ha sido ganador del premio a la enseñanza del departamento de psiquiatría y diversas becas honorarias. Actualmente es profesor clínico asociado de psiquiatría en la Escuela de Medicina de UCLA, en la facultad del Centro para la Cultura, el Cerebro y el Desarrollo. También es el director del Centro para el Desarrollo Humano, una organización educacional centrada en como mejorar el desarrollo de los individuos, las familias y las comunidades examinando la conexión entre las relaciones humanas y los procesos biológicos básicos.
El Dr. Siegel es codirector de un manual de psiquiatría y autor de numerosos artículos y capítulos, así como del libro reconocido internacionalmente “The Developing Mind: toward a Neurobiology of Interpersonal Experience”, 1999 (La mente en desarrollo: hacia una neurobiología de la experiencia interpersonal). Este libro introduce la idea de una biología interpersonal y ha sido utilizado por muchas organizaciones, incluyendo al departamento de Justicia de Estados Unidos, el concilio pontifical del vaticano sobre la familia, el Consejo Sobre la Tecnología y el Individuo, programas de intervención temprana y una serie de departamentos de clínica e investigación en todo el mundo.
Es, asimismo, editor jefe y fundador de la serie Norton sobre Neurobiología Interpersonal. Su libro con Mary Hartzell “Parenting from the Inside Out: How a deeper Self-Understanding Can Help You Raise Children who Thrive” (2003) explora la aplicación de esta nueva y emergente visión de la mente, el cerebro y las relaciones humanas.
La integrada y accesible aproximación al desarrollo de Daniel Siegel ha hecho que sea invitado por diferentes organizaciones, locales, nacionales e internacionales para conducir grupos de educadores, padres, administradores públicos, profesionales sanitarios, diseñadores de políticas sociales, clérigos y neurocientíficos. La meta común de estos esfuerzos educacionales es proveer una visión de base científica de la experiencia humana a un público amplio que pueda facilitar el desarrollo del bienestar psicológico y la resiliencia emocional a lo largo del ciclo vital.
Acceso a la conferencia completa en inglés, incluyendo sus diapositivas
Artículo extraido de la web: psicoterapiarelacional.com
