jueves, 29 de octubre de 2009

Reflexiones sobre "cibernética de 2º orden"






El estudio de los procesos recursivos llevó a situar a la misma cibernética como objeto de estudio. Es la metacibernética, la cibernética de los sistemas observantes no de los sistemas observados. El sistema sujeto toma consciencia de sí mismo para zambullirse sin complejos en los sistemas que lo conforman.
A los nombres del artículo, a mi me gustaría añadir también a un filósofo como Heidegger que hizo tanto hincapié en el sujeto que se relaciona con su universo, le dio tanta importancia que lo consideró la vía regia para acceder al conocimiento del “ser”. Y a los equipos multidisciplinares que desarrollaron los modelos conexionistas de la mente, que trascendiendo el dualismo, han relacionado de forma sistemática el observador con la representación de lo que le rodea, empezando por él mismo. Teniendo en cuenta que la solución de continuidad de sujeto y objeto en la mente, es una convención que a veces realizamos para modelar lo que percibimos.
También me apetece traer aquí a ese Buda mítico que hizo del problema del yo el principal de su búsqueda, que hizo de la paradoja su experiencia especial, apreciando que no hay yo, pero que no deja de haberlo, si bien en un continuo cambio fundido con lo que le rodea, que hace fuente de sufrimiento el intento de aferrarse a él.
Ya más cercano a nosotros es grato para mí apreciar con reverencia aportaciones como la de De Shazer, que me hizo eco de que el sistema terapeutico observador y la escena terapéutica tras el cristal forman un ecosistema común que derriba dicho supuesto cristal de la cámara Gessel que “los separaba”. También me hizo eco de la falla de significado (Wittgestein, Derrida) que caracteriza nuestro lenguaje como medio de comunicación y que me hace abordar con humildad lo que interpreto sobre lo que me dicen las personas con las que converso en terapia, intentando no ir muy lejos en el nivel de mis interpretaciones, e intentando compartirlas en términos que podamos usar juntos.

Bueno me he enrrollao mucho, pero me lo pasé bien haciéndolo, no sé si tu harás lo mismo, pero como en cualquier caso te toca ser el lector bloggero….

Reflexiones al hilo de la lectura de un artículo de Sluzki: "Cibernética y terapia familiar. Un mapa mínimo"

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Me lo quedo o la derivo?

Estoy pasándolo mal con una paciente que se está autolesionando con mucha frecuencia. Mis resultados con él no están progresando mucho. Me la derivaron hace más de medio año. Ha valorado la mayor parte del tiempo positivamente nuestra relación terapéutica pero su malestar y su calidad de vida están empeorando desde que está conmigo. Además de su feedback en consulta acababa de empezar a valorar su estado personal y de nuestra consulta de forma más sistemática por medio de 2 instrumentos breves, el O.R.S. y el S.R.S. (de Miller y Duncan), que de momento confirman mis apreciaciones.

Si es cierto que está en plena crisis emocional, económica, de identidad. Esa sin duda es la parte del león, la extraterapéutica. Pero mi obligación es maximizar el espacio de tratamiento para él y para los demás, aunque solo sea algo más en su vida.

También estamos poniendo en marcha labor de trabajo social y de orientación ocupacional y laboral, pero su cualificación es demasiada para la situación del mercado de trabajo en este momento. Está siendo difícil incluso que encuentre cualquier clase de trabajo.

He intentado establecer con ella, como con los demás, una fuerte alianza terapéutica, validarlo, respetar su forma de pensar y de comportarse, he prestado mucha atención a su teoría del cambio positivo, le he preguntado expresamente por su confianza en mi método de trabajo y de qué forma le etá ayudando o le podría ayudar mi consulta.
Ultimamente siento que quizás debería derivarla a otro compañero/a, explicándole bien mis razones. Por supuesto cuando supere o disminuya la situación de crisis actual. Pero ¿debería hacerlo realmente? (yo no me quiero rendir pero ¿quién sabe con un cambio de terapeuta?).

Quizás también esté necesitando espacio de supervisión de mis casos, veré cómo puedo conseguirlo.

TODAS LAS APRECIACIONES HAN SIDO DISiMULADAS Y HE EVITADO CUALQUIER DATO QUE PUDIERA REVELAR LA CONFIDENCIALIDAD DE ESTA PERSONA, COMO SIEMPRE EN ESTE BLOG.

domingo, 11 de octubre de 2009

10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental

Las enfermedades mentales aumentan en España. La media de psiquiatras es tres veces menor que en resto de la UE

Uno de cada seis españoles ha padecido, padece o padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida

video

El trastorno bipolar está aumentando.

La Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) han alertado del aumento de las enfermedades mentales en España e insisten en que se acabe con el estigma social que las rodea, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada 10 de octubre.

Según estas entidades, uno de cada seis españoles ha padecido, padece o padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida aunque "socialmente" son poco conocidas.

Aunque no existe un incremento de los trastornos mentales graves, de otros más comunes sí que se ha constatado una mayor incidencia, tanto en la Atención Primaria como en la especializada.

Presidente de la SEPB, el profesor Julio Bobes:

"En la última década la ansiedad o la depresión han crecido hasta ocupar el 40 ó 50% del tiempo de los psiquiatras al día"

Las principales causas de este incremento son las dificultades sociales, socioeconómicas y sociolaborales, ya que son trastornos que vienen desencadenados por factores ambientales.

"No se trata de problemas mentales graves pero sí discapacitantes que generan una gran prevalencia de las incapacidades temporales y del sufrimiento familiar."

TRASTORNO DEL CONTROL DE IMPULSOS

Además de la depresión y la ansiedad, existe otra patología que está en incremento y que afecta sobre todo a los jóvenes, los trastornos del control de impulsos.

Profesor José Giner, presidente de la FEPSM:

Esto se debe al sistema educativo y cultural tan permisivo que tenemos en el que se le recuerda al adolescente cuáles son sus derechos, pero no cuáles son sus deberes."

ESCASEZ DE PSIQUIATRAS

Estas entidades alertan de la falta de profesionales de Psiquiatría en España ya que, en comparación con Europa, la tasa es de 5,5 psiquiatras por cada 100.000 habitantes mientras que a nivel europeo es de 15 profesionales por 100.000 habitantes.

PLAN DE SALUD MENTAL

El día mundial ha pillado a los profesionales madrileños, y también a los pacientes y sus familias, en plena lucha con la Consejería de Sanidad.

Varias entidades, agrupadas en el Movimiento Pro Salud Mental, se concentraron a principios de octubre de 2009 frente a la sede de la consejería para tratar de frenar el Plan Estratégico de Salud Mental que está preparando.

Un plan, a cuyo borrador ha tenido acceso el diario El País, que a mediados de octubre sigue sin estar aprobado pese a que su vigencia va de 2009 a 2011.

El texto, de 220 páginas, dedica buena parte de su extensión a analizar la situación actual y a dar recomendaciones, pero no incluye plazos de aplicación ni medidas concretas para el futuro ni, quizá lo más importante, presupuesto.

De ahí que la Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental (Femasam), que agrupa a 26 asociaciones de familias, haya pedido su retirada.

Denuncia, entre otras cosas, que Sanidad se desentiende de la rehabilitación psicosocial, dejándola en manos de Asuntos Sociales y apostando por la hospitalización. También la privatización, como en Valdemoro, donde se cerró el centro de salud mental para pasar a los pacientes al hospital, de gestión privada.

El plan tampoco gusta a la Asociación Madrileña de Salud Mental, formada por profesionales. El mayor problema radica en la escasez de personal no psiquiátrico.

Pedro Cuadrado, psiquiatra y presidente de la entidad:

"La Comunidad propone, por ejemplo, 2,5 psicólogos por 100.000 habitantes, pero si se quieren cubrir las necesidades de atención psicológica de una manera mínimamente digna se precisarían al menos cinco."

Desde los centros, los profesionales también hablan de bajas no cubiertas y de recursos insuficientes.

El jefe del centro de salud mental de Fuencarral, Víctor Rivelles:

"Se trabaja en una situación de enfermedad y penuria social. En mi centro hemos tenido que dejar de dar citas a pacientes porque no disponemos de personal administrativo"

Ha remitido reclamaciones de enfermos y familiares a diversos organismos, y que él mismo ha reclamado mejoras, pero no he recibido respuesta."

Su centro, que cubre una población de 220.000 personas, con 26.000 historias abiertas, se gestiona con un auxiliar administrativo y un auxiliar de control.

"Las bajas no se cubren. Me consta que esta situación se repite en otros centros de salud mental."

Es imposible saber qué presupuesto destina la Consejería de Sanidad a la salud mental en la región. El dinero está repartido en diferentes partidas en los presupuestos. Este periódico solicitó ese dato, pero Sanidad no lo proporcionó.

Lo que sí quiso destacar es que la plantilla se ha incrementado "un 30% desde 2002, pasando de 734 a 1.005 profesionales" y que las camas de hospitalización de media y larga estancia han aumentado "en más de 200" hasta 999. Sanidad aseguró que aprobará el plan "en el actual trimestre".

Pese a las cifras oficiales, los profesionales aseguran que las plantillas se quedan cortas.

Cuadrado:

"El plan de Sanidad propone un trabajador social por 100.000 habitantes, menos de los que ya existen en la actualidad en muchos centros, y están sobrepasados de carga de trabajo."

La Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental (ANESM) también alerta de que en Madrid "los recursos enfermeros son claramente insuficientes para garantizar la seguridad y una atención de calidad".

Sólo en los centros de salud mental "se evidencia una carencia aproximada de entre 180 y 225 profesionales", asegura la entidad.

En los hospitales con internamiento, el borrador habla de 495 camas y 225 enfermeras para atenderlas, pero la ANESM advierte que, teniendo en cuenta los turnos y las libranzas, salen a 0,77 enfermeras por cada 10 camas: "una ratio media insuficiente y desproporcionada".

Información extraida de: Redacción Periodista Digital, 10 de octubre de 2009 a las 11:47

lunes, 5 de octubre de 2009

Clinicians have good reason to ignore this "Evidence"

Clinicians Have Good Reason to Ignore this “Evidence” Posted in Uncategorized on 10/02/2009 03:14 pm by Dr. Barry Duncan http://heartandsoulofchange.com/blog/
Rebecca just posted this article on the Heroicagency Listserv, and as she said, it begged a response.

Ignoring the Evidence Why do psychologists reject science?By Sharon Begley NEWSWEEK
Published Oct 2, 2009

From the magazine issue dated Oct 12, 2009

It’s a good thing couches are too heavy to throw, because the fight brewing among therapists is getting ugly. For years, psychologists who conduct research have lamented what they see as an antiscience bias among clinicians, who treat patients. But now the gloves have come off. In a two-years-in-the-making analysis to be published in November in Perspectives on Psychological Science, psychologists led by Timothy B. Baker of the University of Wisconsin charge that many clinicians fail to “use the interventions for which there is the strongest evidence of efficacy” and “give more weight to their personal experiences than to science.” As a result, patients have no assurance that their “treatment will be informed by science.” Walter Mischel of Columbia University, who wrote an accompanying editorial, is even more scathing. “The disconnect between what clinicians do and what science has discovered is an unconscionable embarrassment,” he told me, and there is a “widening gulf between clinical practice and science.”
The “widening” reflects the substantial progress that psycho-logical research has made in identifying the most effective treatments. Thanks to clinical trials as rigorous as those for, say, cardiology, we now know that cognitive and cognitive-behavior therapy (teaching patients to think about their thoughts in new, healthier ways and to act on those new ways of thinking) are effective against depression, panic disorder, bulimia nervosa, obsessive-compulsive disorder, and -posttraumatic-stress disorder, with multiple trials showing that these treatments—the tools of psychology—bring more durable benefits with lower relapse rates than drugs, which non-M.D. psychologists cannot prescribe. Studies have also shown that behavioral couples therapy helps alcoholics stay on the wagon, and that family therapy can help schizophrenics function. Neuroscience has identified the brain mechanisms by which these interventions work, giving them added credibility.
You wouldn’t know this if you sought help from a typical psychologist. Millions of patients are instead receiving chaotic meditation therapy, facilitated communication, dolphin-assisted therapy, eye-movement desensitization, and well, “someone once stopped counting at 1,000 forms of psychotherapy in use,” says Baker. Although many treatments are effective, they “are used infrequently,” he and his coauthors point out. “Relatively few psychologists learn or practice” them.
Why in the world not? Earlier this year I wrote a column asking, facetiously, why doctors “hate science,” meaning why do many resist evidence-based medicine. The problem is even worse in psychology. For one thing, says Baker, clinical psychologists are “deeply ambivalent about the role of science” and “lack solid science training”—a result of science-lite curricula, especially in Psy.D. programs. Also, one third of patients get better no matter what therapy (if any) they have, “and psychologists remember these successes, attributing them, wrongly, to the treatment. It’s very threatening to think our profession is a charade.”
When confronted with evidence that treatments they offer are not supported by science, clinicians argue that they know better than some study what works. In surveys, they admit they value personal experience over research evidence, and a 2006 Presidential Task Force of the American Psychological Association—the 150,000-strong group dominated by clinicians—gave equal weight to the personal experiences of the clinician and to scientific evidence, a stance they defend as a way to avoid “cookbook medicine.” A 2008 survey of 591 psychologists in private practice found that they rely more on their own and colleagues’ experience than on science when deciding how to treat a patient. (This is less true of psychiatrists, since these M.D.s receive extensive scientific training.) If they keep on this path as insurers demand evidence-based medicine, warns Mischel, psychology will “discredit and marginalize itself.”
If public shaming doesn’t help, Baker’s team suggests a new accreditation system to “stigmatize ascientific training programs and practitioners.” (The APA says its current system does require scientific training and competence.) Two years ago the Association for Psychological Science launched such a system to compete with the APA’s.
That may produce a new generation of therapists who apply science, but it won’t do a thing about those now in practice.
Find this article athttp://www.newsweek.com/id/216506

My Response:
There are many inaccuracies in this story—not the least of which is the distortion of APA’s definition of evidence based practice, which unequivocally does not give equal weight to the personal experiences of the clinician and scientific evidence—but I will focus here on the “evidence” claiming that the noted approaches are the most effective. Perhaps clinicians are ignoring the researchers quoted in the article because the brand of evidence they are selling is not credible or relevant to their work. They fail to mention the most replicated piece of evidence in the psychological literature: Namely, that no one treatment model, including the cognitive and cognitive behavioral models canonized in the article, have reliably shown any superiority over other treatments. Moreover, treatment models account for a very small amount of the variance of change. As just one example of these robustly demonstrated findings, consider the landmark NIMH study of depression in which cognitive behavioral therapy was compared to interpersonal therapy and antidepressants. No differences emerged between the treatments—they all worked about the same (although the talk therapies did better at follow-up). Treatment model differences accounted for only 2% of variance of change. What did explain the changes achieved by the clients? The quality of the relationship/alliance between the clinician and the client accounted for 21% of the variance. The person of the clinician, not what treatment was delivered explained another 8%. This is why clinicians don’t rally around the flag of different treatments making false claims about superior effectiveness. They know that other factors are far more important—psychotherapy is a richly nuanced interpersonal event that defies being reduced to a diagnosis and treatment model.
The much ballyhooed models have only shown themselves to be better than sham treatments or no treatment at all, which is not exactly news to write home to mom about. Think about it. What if one of your friends went out on a date with a new person, and when you asked about the guy, your friend replied, “He was better than nothing—he was unequivocally better than watching TV or washing my hair.” (Or, if your friend was a researcher: “…he was significantly better, at a 95% confidence level, than watching TV or washing my hair). How impressed would you be?
Finally, the success of any treatment is not guaranteed regardless of its evidentiary support or the expertise of the therapist. As the APA Task Force noted, the response of the client is variable and therefore must be monitored and treatment tailored accordingly to ensure a positive outcome. Monitoring outcome with clients, what has been called practice based evidence, has been shown to significantly improve treatment outcomes regardless of the treatment administered, a far more powerful influence on outcome that the specific approach administered.